Reflexiones de una era pandémica

Un pequeño pensamiento sobre todo el proceso interno que estamos viviendo en estos tiempos.

Día “quichicientos” de la invasión del COVID. A la bitácora ya se le quemaron los papeles, a nosotros también. Ya no sabemos de conteos, ni de conferencias de prensa, ni extensiones. Una era pandémica llegó.

Ya no hay pensamientos donde no hayamos reculado, o recuerdos donde no nos hayamos arropado. Y somos parte del loop de medidas que, si queremos estar bien con nosotros y los nuestros, las tenemos que cumplir aunque nos cueste reconfigurarnos.

¿Qué hacemos con todo esto que nos sucede?. ¿Nos quedamos en el lamento y en dejar que nos pase el tiempo?. Ya han pasado los tiempos del auto-recital, los proyectos efímeros, los cursos online, la masa madre, algunas muertes cercanas, millones de videollamadas, todo ese stock de alcohol, haber vuelto al Age of Empires, jugar al Among Us, los coqueteos con la clandestinidad, los miles de películas, el Twitch, las fiestas virtuales, el Tinder, el ejercicio, la ciudad vacía, el barbijo, y parece que, ya nada nos puede sorprender.

¿Una locura todo no? Estoy seguro que cada uno podría tener una historia de supervivencia bastante interesante que contar. ¿Realmente aprendimos a convivir solo con nosotros? Realmente aprendimos a escuchar en medio de tanto silencio?. Lidiar el dualismo que nos propone la pandemia es, tal vez, una hazaña digna de una historia de Hollywood, de haber visto claudicar nuestras rutinas y reestructurarnos, a poder estar con energías para QUIEN SEA que estuviera del otro lado que lo necesite.

Entrelazado, la música siempre estuvo, y cuando más lo necesitamos. Pero esa música es la misma que se vio destrozada, desamparada. Desde el stop prolongado, ver que solo los proyectos armados podían salir a flote, y quienes pertenecen al gran mar de artistas (y sus equipos) con los cuales convivimos en nuestros día a día, aun la sufren.

¿Aprendimos a cuidarla tanto como aprendemos cada vez mas de ella día tras día?. Esa que nos dio la oportunidad de escuchar nuevos discos, nuevas propuestas que llegaron para quedarse, poder
volver con nostalgia a seguir las migas que dejamos para poder volver a ciertos lugares de nuestro ser, nuevas perspectivas donde nuestra mente se pueda expandir, donde descansamos mucho en las bandas que te acompañaron toda tu vida y aquellas que te recibieron luego de no haberlas entendido. Como cuando empezas a tomar alcohol, al principio, de chico, no entendes como la gente le gusta y de grande lo disfrutas. Las modas, los gustos que se transforman, como la música misma.

La empatía, esa cualidad tan difícil de absorber, fue necesaria hoy para poder haber aprendido y hacernos mejores. Como para ser mejores espectadores, consumidores y creadores, porque esto sigue eh. ¿O no sintieron felicidad por medio de la música cuando a la tarde los balcones se llenaban de una pista de baile tan humana y cercana?. ¿No sintieron felicidad cuando volvieron a ver a los suyos?.¿No hicieron las paces con sus diablos?.

¿Cuánto supimos penar?. ¿Cuánto supimos agradecer?. ¿Cuántas tardes para reflexionar?. ¿Cuántas vueltas le dimos a la situación?. De seguro, siempre hubo una canción justa. Un álbum conceptual inmenso, una canción que tenias en la punta de la lengua, una playlist de joda, una recomendación de alguien, la canción de moda sonando en todos lados, ese disco que te hizo llorar, ese estreno que te voló la cabeza, volver a ver ese recital. En fin, tal vez lo único constante. La música que no solo es etéreo, sino que tiene cuerpo y alma, y siempre estuvo ahí.

Agradezcamos que aun seguimos vivos, aunque en esa “argentinidad” de sabernos supervivientes lo infravaloremos, pero estamos ahí, secándonos las lagrimas, contando el mismo chiste boludo, o ahora siendo mas abiertos, mas humanos, mas sensibles. Tal vez ese fue mi mayor deseo cuando brinde a
distancia en fin de año, que todos hayamos aprendido algo.

Y en este momento incierto donde este veneno de humanidad parece todavía prevalecer por un tiempo mas, al menos empecemos por agradecer al playlist eterno de nuestras vidas.
Gracias Música.

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