NIKKÖ y Mariana Enriquez: El susurro de los fantasmas en Casa Temple

El ritual de la inocencia perdida en Casa Temple

Crónica y Fotos: Camila Sebastiao

Hay noches que funcionan como un portal, y lo que sucedió el pasado miércoles 29 de abril en Casa Temple fue exactamente eso. El refugio de la calle Costa Rica se convirtió en el escenario para un estreno que cruza fronteras: la presentación de “Frikidadidou”, el nuevo single y videoclip de NIKKÖ, que cuenta con la participación de la escritora Mariana Enriquez.

Entre la inocencia y el colapso

NIKKÖ no es una artista de términos medios. Con una trayectoria que suma una década en bandas y un camino solista que ya nos regaló El Nuevo Planeta y Maniki, su presente la encuentra excavando en lugares incómodos. “Frikidadidou” es el primer adelanto de su próximo álbum, “Aquel lugar donde perdí la inocencia”, y funciona como una radiografía cruda de la salud mental y la hipocresía que nos rodea.

La canción late como el ruido interno del colapso. Es un retrato inquietante de esos fantasmas que habitan bajo la piel, donde la muerte y los recuerdos se entrelazan de forma visceral. La unión con Mariana Enriquez —cuya imagen y voz se funden con la propuesta en el flyer oficial del evento— no es casual; ambas comparten esa fijación por lo desconocido y la belleza que se esconde en lo inquietante.

La estética de la resistencia

En vivo, la identidad de NIKKÖ se vuelve tangible. Su estética andrógina, su maquillaje ecléctico y esa actitud cinematográfica que ya es su marca registrada, transformaron la atmósfera de Palermo. No se trató solo de mostrar un video; fue un encuentro para «gritarnos en la cara que no estamos solos».

La noche en Casa Temple sirvió para confirmar que NIKKÖ es la voz de quienes siempre fueron apartados, de los más sensibles que encuentran en el arte una forma de venganza contra la indiferencia del mundo.

Lo que viene: El ritual continúa

Este estreno es solo la punta del iceberg. NIKKÖ ya anunció que la presentación de este nuevo material la llevará a tocar en vivo en uno de los cementerios porteños, integrando la música con nuestra cultura e historia en un formato poco convencional.

Por ahora, nos queda el eco de “Frikidadidou” resonando en la cabeza. Una invitación a perder la inocencia para encontrar, finalmente, una verdad que valga la pena gritar.

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