Eruca Sativa en La Trastienda: una noche de magnetismo, clásicos y una emoción que caló hondo

El power trío cordobés, Eruca Sativa, regresó al mítico escenario de La Trastienda para revalidar su romance con el público porteño. Con una lista de temas demoledora y una constelación de invitados de lujo, la noche del jueves se transformó en una verdadera celebración del rock nacional.

Hay bandas que tocan y bandas que dejan una huella. Lo de Eruca Sativa este jueves 14 de mayo en La Trastienda entra, sin dudas, en la segunda categoría. Lula Bertoldi, Brenda Martin y Gabriel Pedernera volvieron a adueñarse del escenario con ese despliegue de energía arrolladora y sonido impecable que los caracteriza.

Desde los primeros acordes, el trío demostró que el paso de los años solo ha madurado su potencia. El setlist recorrió los momentos más altos de su discografía, combinando distorsión rabiosa con esas sutilezas rítmicas que manejan a la perfección. Cada canción encontró una respuesta inmediata de un público completamente entregado.

Promediando el show llegó el clímax absoluto de la velada y también el momento más emotivo de la noche, de la mano de la pureza. Lula Bertoldi tomó el micrófono para presentar a un invitado muy especial: Juan, un niño de tan solo 11 años.

Lo que pasó a continuación dejó boquiabiertos a todos los presentes en San Telmo. El pequeño se plantó con total naturalidad para interpretar “Amor Ausente”, uno de los himnos más viscerales de la banda. Lejos de achicarse ante una La Trastienda colmada, Juan desplegó una voz potente, hermosa y cargada de una madurez interpretativa asombrosa.

El contraste entre su corta edad y la fuerza arrolladora de su canto generó un silencio respetuoso que rápidamente se transformó en ovación, lágrimas entre el público y miradas de profundo orgullo por parte de la propia banda. Fue el corazón de la noche; un recordatorio vivo de que el futuro de nuestra música está a salvo.

Con la sensibilidad todavía a flor de piel tras la actuación de Juan, la adrenalina volvió a subir a niveles insospechados y se transformó en puro rock. Lula Bertoldi decidió romper la barrera del escenario y saltó directamente hacia el medio del público.

Sin dejar de tocar un solo acorde, la guitarrista y cantante se plantó bien en el centro de La Trastienda, rodeada de fanáticos, armando un pogo histórico a su alrededor y desatando el delirio colectivo.

Tras esa tremenda descarga de energía, la velada continuó planteada como un encuentro de amigos y la lista de invitados no tardó en engalanar la noche. El desfile de talento comenzó a elevar la temperatura cuando subió al escenario Juan Belvis. El cantante de La Sed, acompañado por el mítico Lito Vitale, supo aportar su impronta y frescura, acoplándose perfectamente a la propuesta de la banda.

Más tarde, el misticismo del rock argentino se hizo presente con la llegada de Hilda Lizarazu. La complicidad entre Eruca y los legendarios artistas iluminó el lugar. La voz inconfundible de Hilda y la magia de Vitale en los teclados elevaron las canciones a una dimensión casi espiritual, demostrando que el rock local no sabe de grietas temporales, sino de herencia y respeto mutuo.

Tras el paso de los invitados, el trío retomó el control absoluto para el tramo final del show, dejando a la gente bien arriba, cantando y agitando cada riff.

Eruca Sativa demostró una vez más que no solo es una de las bandas más sólidas de la escena actual, sino también un faro capaz de unir la historia grande de nuestro rock con las nuevas generaciones que recién empiezan a alzar la voz. Una noche, sin duda alguna, para el recuerdo.

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