Hay bandas que encuentran una fórmula. Y hay otras, como Mustafunk, que construyen una identidad. Desde Moreno hasta los escenarios más importantes del circuito independiente, el grupo logró algo cada vez más difícil dentro de la música argentina: crecer sin resignar su esencia. El próximo sábado 18 de julio volverán a Niceto Club, un escenario que ya conocen de memoria y donde supieron convertir cada show en una experiencia física, intensa y profundamente colectiva.
La historia de Mustafunk no empezó desde un algoritmo ni desde una tendencia pasajera. Empezó en el oeste bonaerense, entre salas pequeñas, kilómetros recorridos y una búsqueda artística que nunca se acomodó del todo a ningún molde. Mientras muchas bandas perseguían etiquetas, ellos eligieron el movimiento constante: funk, rock, jazz, improvisación y groove mezclados con una actitud descontracturada que terminó transformándose en marca registrada.
Con más de quince años de recorrido, el grupo supo sostener una carrera independiente apoyada en el vivo, en el boca en boca y en una conexión genuina con su público. Porque si algo define a Mustafunk es el escenario. Ahí es donde las canciones toman otra dimensión y donde la banda despliega esa energía explosiva que convirtió temas como “Sapo Rey” o “Abrazo Diente Sueño” en himnos inevitables para quienes siguen su camino desde hace años.
También hay algo generacional en la construcción de Mustafunk. Una banda que creció lejos de los grandes focos mediáticos, apostando siempre a la autogestión y al desarrollo artístico antes que a la inmediatez. Discos como Salpica, Laboro Chamanik, Culo y el reciente El Jardín de los Siguientes funcionan como distintas fotografías de una evolución permanente: más experimentación, más libertad y una búsqueda sonora que nunca perdió identidad.
El regreso de la banda en 2024 con El Jardín de los Siguientes terminó de reafirmar esa idea. En lugar de adaptarse a la lógica de consumo rápido, Mustafunk volvió a apostar por el concepto de obra y por esa filosofía propia que ellos mismos definen como “algo-ritmos”. Canciones como “Prescindente”, junto a Juan Subirá, o “Granadas al cuerpo” muestran una banda madura, pero todavía inquieta.
En vivo, esa inquietud se transforma en celebración. El pulso de Camila Marinelli y Agustín Pettinato sostiene una maquinaria rítmica demoledora que encuentra en Niceto el contexto ideal: cercanía, calor y esa sensación de ritual compartido que pocas bandas logran generar con tanta naturalidad.
Después de recorrer escenarios de todo el país y consolidar una comunidad fiel alrededor de su música, Mustafunk vuelve a Palermo para confirmar algo que ya parece evidente: lo suyo nunca fue una moda. Fue —y sigue siendo— una construcción paciente, honesta y profundamente ligada a una manera de entender la música desde el encuentro real.
Las entradas ya están disponibles en Venti y todo apunta a otra noche donde el groove del oeste vuelva a adueñarse de la ciudad.
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