Una voz decía: “¿Queremos salir? ¿A dónde?”. La respuesta de Niceto fue inmediata: “¡ADELANTE!”. Con ese intercambio arrancó el show de Marttein el miércoles 23 de septiembre.
“Adelante”, “AAA”, “Espectacular” y “La aplanadora” pusieron en movimiento una noche que rápidamente empezó a desbordar los límites de un recital convencional. Marttein estuvo acompañado por El Pepe Jamming Project en guitarras, Jeremy Flagelo en sintetizadores y coros y Mora Cutuli en batería, una formación que sostuvo el pulso de una propuesta donde la electrónica y el rock conviven con el punk, el humor y una puesta cargada de estímulos.
El escenario funcionó como una extensión del universo que Marttein viene construyendo alrededor de sus canciones. El “Rubio”, Pizza Man, un personaje con máscara de Trump, cambios de vestuario y distintas apariciones fueron entrando y saliendo de escena sin necesidad de demasiadas explicaciones. Todo parecía formar parte de una misma lógica: una sucesión de imágenes, personajes y situaciones que podían ser absurdas, incómodas o directamente divertidas, pero que nunca estaban demasiado lejos de la música.
Ahí está una de las particularidades de su propuesta. Las canciones no aparecen aisladas, sino dentro de un mundo que también se construye con gestos, personajes y referencias a la cultura popular. “Argentina is Daing”, “El Rubio” e “Increíble” fueron algunos de los momentos que llevaron ese lenguaje al vivo, mientras la puesta convertía cada cambio en una nueva escena.






























La fecha también tuvo invitados. Lucy Patané apareció para compartir “Vinieron a buscar la paga” y Mag.Xs se sumó en “Bullicio”. Dos participaciones que ampliaron el recorrido de una noche en la que Marttein parecía moverse con la misma naturalidad entre la canción, la performance y el juego escénico.
Pero buena parte de lo que ocurrió en Niceto se explicó desde abajo del escenario.
El público acompañó con saltos, gritos y movimiento constante. Marttein se acercó a la pista, bailó y rompió varias veces esa distancia que suele separar al artista de quienes fueron a verlo. Durante casi dos horas, la energía circuló en las dos direcciones y convirtió al público en una parte activa de la escena.
Por eso el show funciona mejor cuando se lo piensa como algo más que una presentación de canciones. Hay una banda que sostiene musicalmente la propuesta, pero también hay personajes, humor, teatralidad y una puesta que puede cambiar de registro en cuestión de segundos.
En Niceto, Marttein consiguió trasladar ese universo al espacio físico sin perder su carácter imprevisible. El resultado fue una noche intensa, cargada de movimiento y con una idea bastante clara detrás de todo ese aparente desorden: acá el escenario no termina donde empieza la pista.
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