Revolución Boliviana

Bolivia, a setenta años de la Revolución

El mes pasado se cumplió el 70º aniversario del inicio de uno de los procesos políticos más importantes de la historia latinoamericana del siglo XX: la llamada Revolución Boliviana de 1952. Se trata de una fecha crucial, y también un hecho del cual se desprenden elementos para analizar lo que vino en las décadas subsiguientes en nuestro país vecino.

Un poco de contexto

Para comprenderla en profundidad hay que arrancar por un breve contexto histórico. Al igual que en otros países de la región, la construcción del Estado-Nación boliviano en el último cuarto del siglo XIX estuvo guiada por los intereses de la oligarquía local, en alianza con las potencias industriales que habían dictaminado la llamada División Internacional del Trabajo (en la cual los países ‘periféricos’ proveían de materias primas a los centros manufactureros).

Fueron importantes también los conflictos bélicos que Bolivia mantuvo por la delimitación territorial de las regiones en disputa. El más importante fue la llamada Guerra del Pacífico (1879-1884), en la cual se alió a Perú para combatir contra Chile.

Bolivia en el comienzo del XX

A comienzos del siglo XX, la estructura social de Bolivia estaba compuesta por tres sectores. La punta de la pirámide la componían latifundistas, empresarios mineros y políticos conservadores, una minoría blanca que llevaba las riendas del Estado. Luego, las clases medias, básicamente profesionales, empleados y trabajadores mineros. Y finalmente, las comunidades indígenas, de más de la mitad de la población.

La actividad económica principal del país era la extracción de estaño, metal que se extraía mediante la explotación inhumana de los trabajadores mineros. Igual de desastrosas eran las condiciones para los indígenas, a quienes los terratenientes les arrebataron tierras, y que encima deben trabajar gratuitamente en hacendados o en la construcción de caminos y puentes. 

Un punto de quiebre en nuestro recorrido histórico pre-revolucionario es la llamada Guerra del Chaco, entre 1932 y 1935, en la cual Bolivia fue derrotada por Paraguay. Esta contienda bélica tuvo gran relevancia no solo entre los países involucrados, sino a nivel regional. El diplomático argentino Carlos Saavedra Lamas, gestor clave en el acuerdo de paz entre ambos países que dio fin a la guerra, obtendría en 1937 el Premio Nóbel de la Paz.

La derrota para Bolivia se tradujo en un cuestionamiento general a la comandancia de las Fuerzas Armadas, a la clase política y a los llamados “barones del estaño”. Comienza a conformarse un escenario propicio para el surgimiento de una nueva fuerza política, que efectivamente ocurre con la toma del poder por parte del sector castrense, el denominado “socialismo militar”.

El Gobierno de las Fuerzas Armadas en Bolivia

Esta facción de las FFAA bolivianas gobernaron el país durante las presidencias de facto de David Toro (1936-1937) y Germán Busch (1937-1939). Se produce la nacionalización de la petrolera estadounidense Standard Oil Company y la creación de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). Además, promueven la sindicalización obligatoria, y crean un nuevo código del trabajo que reduce la jornada y establece un seguro social.

Sin embargo, la feroz resistencia oligárquica no tardaría en hacerse presente, interrumpiendo esta etapa. Iniciaba para el país vecino un período de 10 años de vaivenes ininterrumpidos entre gobiernos de la élite que intentan desandar las conquistas sociales, como el de Enrique Peñaranda (1940-1943) o el de Enrique Hertzog (1947-1949), y el gobierno de Gualberto Villarroel (1944-1946), un militar que retomó la tradición del socialismo castrense de la posguerra.

En los años de Peñaranda, más precisamente en 1942, diez años antes de la revolución, se funda en la resistencia el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), uno de los principales espacios políticos de la historia boliviana, que cobrará cada vez mayor protagonismo a lo largo de la década de 1940.

En 1949, el presidente Hertzog, representante de la oligarquía, renuncia y abandona el país tras el amplio triunfo de la izquierda en las elecciones legislativas de ese año. Se convocan comicios presidenciales para 1951, en los que triunfa el candidato del MNR, Víctor Paz Estenssoro.

Sin embargo, las empresas mineras intentan anular los resultados e impulsan la toma del poder por parte de una junta militar alineada a sus intereses. Y en eso andaban, ya que efectivamente en mayo de ese año asume el presidente de facto Hugo Ballivián Rojas, aunque nunca se imaginaron la contraofensiva que pronto vendría.

El momento de la Revolución Boliviana

Llegamos a 1952. La capital, La Paz, es un hervidero. El 9 de abril comienza a gestarse la sublevación, entre un sector de la policía a cargo de Antonio Seleme, el MNR a través de su dirigente Hernán Siles Suazo, el sindicato minero referenciado en Juan Lechín, y una facción del Ejército conducida por el general Humberto Torres Ortiz.

Esta confluencia de mineros y campesinos armados (en su mayoría indios y mestizos), junto con el sector de las FFAA heredero del llamado “socialismo militar” de dos décadas atrás, fue una de las huellas distintivas de la Revolución Boliviana. Tras un interinato de un puñado de días a cargo de Siles Suazo, asume la presidencia Paz Estenssoro al retornar a su país (se había exiliado en Buenos Aires en 1951).

Comenzaba la etapa de las transformaciones populares en el país andino. El nuevo presidente, en una de sus primeras medidas, establece el voto universal, algo inédito en un país en el que, hasta ese momento, los analfabetos no tenían derecho al sufragio (es decir, la mayoría de la población). También nacionaliza las minas, creando de manera complementaria la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), y en favor de las demandas campesinas comienza a elaborar un proyecto de reforma agraria.

Uno de los actores más importantes que surgieron de la revolución fue la Central Obrera Boliviana (COB), probablemente la más firme y poderosa herramienta de defensa sindical que haya tenido en su historia nuestro país vecino. De hecho, allí fue donde dio su discurso el mes pasado el actual presidente Luis Arce Catacora, en ocasión del 70º aniversario de la fundación de la COB, ocurrida el 17 de abril de 1952.

Vendrían marchas y contramarchas, avances y retrocesos, promesas cumplidas y promesas incumplidas. En 1964 se clausura la experiencia del MNR en el gobierno, con el golpe de Estado comandado por René Barrientos (dictadura bajo la cual caería fusilado el Che Guevara en La Higuera, en 1967).

Tras una sucesión de militares en el poder, vendría la larga hegemonía neoliberal, encarnada primero -paradójicamente- en Paz Estenssoro, quien gobernaría nuevamente el país entre 1985 y 1989, y luego durante los años de Gonzalo Sánchez de Losada.

Sin embargo, lo que se mantuvo como una constante, tanto en los momentos de cercanía al poder presidencial como en la resistencia opositora, es la potencia de los campesinos, los indios y los mineros en la política boliviana. Una base de sustentación que, en 2005, llevaría al dirigente cocalero aymara Evo Morales a ser el primer presidente indígena de la historia del país.

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