El lunes 23 de marzo, en C Art Media, el Festival Tracción a Sangre dejó una certeza difícil de discutir: lo que alguna vez fue un circuito alternativo hoy se transformó en una escena sólida, organizada y con una identidad cada vez más clara. No se trató solo de una suma de bandas, sino de una construcción colectiva que encontró en este formato XXL una manera de amplificar su alcance sin resignar esencia. La convocatoria, el clima y la respuesta del público confirmaron que ya no se trata de una promesa en crecimiento, sino de un presente concreto.
Desde temprano, el C Art Media se sintió activo y en movimiento, con una energía que iba mucho más allá de lo musical. La experiencia se completó con espacios de autogestión, arte y encuentro que reforzaron la idea de comunidad, uno de los pilares que sostiene al festival desde sus inicios. En ese contexto, el público no fue un espectador pasivo, sino parte fundamental de lo que sucedía, acompañando cada propuesta y sosteniendo un clima que se mantuvo en constante crecimiento a lo largo de toda la jornada.
















La grilla jugó un rol clave para construir ese recorrido. Lejos de funcionar como una sucesión aislada de shows, las bandas que acompañaron lograron darle coherencia y profundidad al festival. Barbi Recanati aportó intensidad y un discurso que conectó con lo social, mientras que Buenos Vampiros sumó su impronta más oscura y melancólica, generando un contraste que enriqueció la dinámica del día. A su vez, Flor Sakeo y Terrores Nocturnos sostuvieron la crudeza y el pulso más visceral del under, manteniendo la tensión siempre en alto.
En esa misma línea, la presencia de Salas Velatorias aportó un matiz clave desde lo federal, ampliando el mapa de la escena y reforzando la idea de que este movimiento no responde a una lógica centralizada. Todo funcionó como una continuidad, como distintas capas de una misma identidad que se fue consolidando con el correr de las horas. Para cuando cayó la noche, el terreno ya estaba completamente preparado para un cierre que no solo tenía que estar a la altura, sino también sintetizar todo lo vivido.
Camionero asumió ese rol con naturalidad y sin rodeos. Desde el arranque con “Un poco más de consideración”, el show dejó en claro que no habría pausas ni concesiones, con una banda enfocada en sostener una intensidad constante. El recorrido inicial con “Sobre tu nombre”, “Rico chico” y “No hablaremos de mañana” marcó el pulso de una presentación que no buscó sorpresas aisladas, sino construir un flujo sólido que mantuviera al público completamente involucrado.
A medida que avanzó el set, los momentos compartidos arriba del escenario reforzaron la identidad colectiva que atravesó todo el festival. “Trabajando para el capital (2040)”, con la participación de Bárbara Aguirre, se convirtió en uno de los puntos más altos, tanto por su carga simbólica como por la respuesta del público. Más adelante, “Genio del Abasto”, con Tano Giorno en voces, sumó una cuota emocional que amplificó la conexión y terminó de consolidar esa idea de comunidad también desde el escenario.










El desarrollo del show encontró su fuerza en la consistencia. Canciones como “Agua asesina”, “Piedra blanca sobre piedra negra”, “Esta noche” y “Confianza en ti solo” funcionaron como bloques que sostuvieron la identidad de la banda sin fisuras, combinando crudeza y sensibilidad en partes iguales. No hubo momentos de transición forzada ni caídas en la intensidad, sino una construcción progresiva que mantuvo al público siempre en estado de atención y entrega.
En el tramo final, esa energía acumulada encontró su punto de explosión. “Loop dorado”, “La distancia” —con la participación de Federico Palacio— y “Asesino del autocine” empujaron el show hacia un pico que terminó de estallar con “999 calorías”, extendida desde su introducción como un verdadero ritual colectivo. La respuesta fue inmediata: pogo, entrega y una sensación de comunión que ya no distinguía entre escenario y público.
El cierre terminó de confirmar todo lo que se había construido durante la noche. “Guerrero atípico”, “Mañana suburbana”, “Lo hago mal, me siento bien.”, junto a Gonzalo Varas, y “El español” llevaron la intensidad al límite, dejando al público en un estado de euforia total. El encore, con “Latas vacías” y “Preñado por el diablo”, no hizo más que sellar una presentación contundente, sin fisuras, que dejó en claro el lugar que hoy ocupa la banda dentro de la escena.
Lo que pasó en C Art Media no fue solo un festival ni un buen cierre. Fue una escena que se reconoció a sí misma, que entendió su propio peso y que decidió avanzar sin pedir permiso. Tracción a Sangre ya no es resistencia: es presente, es identidad y es, sobre todo, una construcción colectiva que encontró su momento para expandirse.
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