El 20 de marzo, la Ciudad Cultural Konex fue testigo de una de esas noches que escapan al formato clásico del recital. Un Muerto Más presentó “A cielo abierto” y confirmó que su propuesta ya se mueve en otro terreno: uno donde la música convive con lo teatral, lo poético y lo sensorial.
Desde el arranque, con “Liberen al Pity”, el clima fue claro: intensidad emocional y una narrativa que se iría desplegando sin interrupciones. La seguidilla de “Me gustas tanto” e “Isla del sol” aportó un tono más luminoso, pero siempre atravesado por esa sensibilidad melancólica que caracteriza al proyecto.
El repertorio, centrado en De amor, encontró en “Desde que te fuiste” y “Toca toca” algunos de sus momentos más introspectivos, con el público completamente inmerso en la atmósfera. Lejos de los picos aislados, el show funcionó como un todo: cada canción parecía dialogar con la anterior, construyendo un relato continuo.



























































Sobre el final, “Amor de verano” y “Frutillas con crema” terminaron de consolidar esa sensación de obra completa más que de simple lista de temas. No hubo hits tirados al azar ni concesiones evidentes: hubo una idea, un concepto y una ejecución coherente de principio a fin.
Durante poco más de una hora, lo de Un Muerto Más fue una experiencia integral. En tiempos donde muchos shows apuestan a la inmediatez, lo del Konex fue todo lo contrario: una invitación a quedarse, a sentir y a dejarse atravesar.
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