Meloni

Una nueva Italia: Poniendo la lupa en el fenómeno Meloni

En el año del centenario de la Marcha de Roma de 1922, que catapultó al poder a Benito Mussolini, acaba de convertirse en primera ministra la ultraconservadora Giorgia Meloni, del partido Hermanos de Italia, usualmente caracterizado como ‘posfascista’.

Cabeza de una alianza con otros dos partidos (la Liga Norte, de Matteo Salvini, y Forza Italia, del famoso magnate y ex primer ministro Silvio Berlusconi), obtuvo un triunfo contundente en las elecciones generales del pasado 25 de septiembre; del 44 por ciento de los votos que obtuvo la coalición, 25 son de la candidata. Se trata de un hecho histórico, ya que por primera vez la extrema derecha gobernará una potencia en Europa. Más precisamente, la tercera economía de la Unión Europea (UE), por detrás de Alemania y Francia.

Meloni proviene del partido heredero de Mussolini, el Movimiento Social Italiano (MSI), fundado en 1946 por seguidores del “Duce” tras el desplome del régimen. Su extracción político-ideológica se caracteriza por su homofobia, xenofobia, islamofobia y su crítica frontal a Bruselas, capital belga en la cual reside la institucionalidad de la UE (como la Comisión Europea o el Parlamento de los Estados de Europa). En los últimos días se viralizó un video suyo, a los 19 años de edad, en el cual declara que “Mussolini fue un buen político”.

Un poco de historia fascista

Sin embargo, no parece correcto trazar una línea directa entre lo que se conoce como fascismo y la figura de Meloni. En primer lugar, porque cuando se habla del movimiento fascista, sobre todo en Italia, se suele hace referencia a los años de Mussolini, desde el crecimiento de su fuerza política a fines de la década de 1910, pasando obviamente por su llegada al poder en 1922, hasta su caída en 1945, cuando un grupo de partisanos acabó con su vida y la de su amante en la región de Lombardía, al norte de Italia.

Y en segundo lugar, especialmente, porque a diferencia del fascismo del siglo XX, que concebía al rol del Estado como importante en su papel de regulador económico y de garante de la provisión de servicios sociales para una parte importante de la sociedad -no toda-, el ultraconservadurismo actual que encarnan figuras como Meloni en Italia o Abascal en España está atravesado de lleno por una concepción neoliberal de la economía, que desprecia la intervención estatal, la inversión pública en salud y educación, o la redistribución del ingreso. De hecho, una de las primeras medidas anunciadas por el equipo económico de la nueva primera ministra italiana es la eliminación del llamado Reddito di Cittadinanza (Renta de Ciudadanía), un subsidio estatal creado en 2019 destinado al sector más empobrecido de la población. 

Otro elemento fundamental es el impacto de la guerra ruso-ucraniana. O, para ser más precisos, la consecuencia de las sanciones impuestas por Occidente a Putin a raíz del conflicto bélico iniciado en febrero. En el caso de Italia, que lejos está de ser el único, es elocuente un dato: en mayo último, registró el índice de inflación más alto desde 1986, es decir, hace 36 años. Y esta situación, en términos políticos, tuvo como correlato que el partido de Meloni fue el único que se opuso al alineamiento de Italia -y de la UE- con Estados Unidos; todo el resto del arco político apoyó la postura del gobierno de Mario Draghi, quien renunció en julio, dimisión a partir de la cual se hizo el llamado a elecciones generales para el 25 de septiembre.

Mario Draghi, el primer ministro que le deja el cargo a Meloni.

No hay que olvidar que se acerca un invierno que promete ser sumamente feroz para Europa, dada la espiralización inédita del precio de las tarifas de gas para los hogares (así como también para la utilización industrial). Es difícil, por no decir imposible, precisar en este momento la profundidad de la transformación que Meloni pueda hacer en términos políticos y económicos.

La Italia de hoy padece el flagelo de la deuda, que llega al 150 por ciento de su PBI. Es decir, debe una vez y media lo que produce en un año. No parece tener margen para cortar de raíz los vínculos con Bruselas.

Y en términos de derechos sociales, si la nueva mandataria intenta avanzar con la reversión de conquistas históricas como la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), probablemente enfrentará una resistencia multitudinaria. Parafraseando una de las leyes newtonianas más famosas del campo de la física, en política ocurre muchas veces que, ante cada acción, se produce una reacción en el sentido opuesto.

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