Rayos y centellas: Babasónicos en La Plata

Babasónicos || Estadio Atenas || Ph. Pablo Charro Santana || 30.06.2018

La banda pateó la comodidad de la butaca de teatro y volvió al rock de estadio.

Los aplausos se ahogan en las manos de todos los presentes. Tras la partida de los locales Peces Raros que hicieron bailar a más de uno con sus melodías oníricas, el Estadio Atenas de La Plata se sume en la oscuridad. Apagón. Silencio, y luego silbidos sueltos en el aire. El olor a flores se cuela por las barandas naranjas y se hace humo entre las sombras. Un cartel en letras blancas nos hace viajar a Chicago de los años 50, pero estamos sobre un boulevard en la capital de la provincia que vio tocar a las bandas más grandes del rock nacional. Babasónicos pisa el escenario. Primero Mariano Roger, y muy de cerca le siguen los tres Diegos. Diego Uma, Diego Tuñón y Diego Castellano. Adrián Dárgelos se abre camino como un profeta. Un elegido que recuerda a un personaje de ficción de Alejandro González Iñarritú. Tormento, una canción que habla sobre la soledad, estalla en las paredes del estadio y la multitud la recibe y la transforma en una cuestión plural. Ahora es de todos.

En Y qué, Dárgelos se empodera en la impunidad de un rockstar y mira con ojos cariñosos a las novias ajenas. Da unos pequeños saltitos como un indio que va a la guerra, se da vuelta y muestra el culo. Le siguen dos canciones emblemáticas de Jessico, Los calientes y Fizz. La pantalla se tiñe de rojo y baña de un color carmesí los rostros de los desconocidos. Dárgelos se esconde por los rincones del escenario mientras Tuñón baila entre sus teclados como si no pudiera salir de ellos. Por su parte, Roger se asoma tímidamente al borde del escenario y observa a las chicas en primera fila como si un abismo los separara. Dárgelos se toma un tiempo para hablar de algunas epifanías políticas. Dice que le gustaría que viviéramos tiempos más fáciles y promete acompañarnos. Concluye «¿Saben cómo vamos a salir? Destruyendo todo». Los desfachatados aparece entre un juego de luces blancas como rayos que parten el escenario. Para Pendejo, el campo hace suya la irreverencia que les rebota como un espejo, y comprime la rabia con empujones que van y vienen.

La noche continúa con Calmatica, Fiesta popular y Curtis. Dárgelos tiene una prosa privilegiada y la ejecuta como un disparo certero en canciones que hablan sobre el amor y los excesos. Microdancing llega, y se convierte en el momento más eclético del setlist. Uma se deja llevar como si estuviera haciendo lo que más le gusta. Dárgelos interviene y dice que lo mejor de la música es que nos hace amigos de las personas correctas. La banda arremete con Putita. Carismático y Yegua, no se hacen esperar y vienen detrás. Babasónicos pide a una canción que los lleve lejos, dónde nadie los recuerde. Lo cierto es que eso es imposible. Lo que si es posible es ver en sus caras vestigios de aquellos chicos que comenzaron a hacer música en Lanús hace muchos años. Un grupo de amigos que se conocen desde siempre. Una banda que no se parece a ninguna otra, así como ninguna otra banda se les parece a ellos.

 

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