No tan zombies

Ya para las 7 de la noche del pasado domingo, la gente deambulaba por las terroríficas y oscuras calles del centro de Buenos Aires. Como en las clásicas películas de George Romero, la multitud se dirigía sin miramientos hacia “Museum Live” atraídos por la promesa de un gran espectáculo (y quizás algunos cerebros). El Cuarteto de Nos, que por segunda vez este año pisa la ciudad para promocionar su último álbum “Apocalipsis Zombie”, venían cargados de energía y un gran repertorio de “algunas nuevas y algunas viejas” para satisfacer a su público de no-muertos.

Roberto Musso salta al escenario junto con su cuarteto, o quinteto si contamos a Santiago Marrero, el genio en los teclados de la banda, y empieza el recital con “Apocalipsis Zombie”. A pesar de lo nueva de la canción y algunos errores en el sonido del micrófono de Musso, la mayor parte del público ya se conoce la letra y ayudan a su ídolo a cantarla. Es increíble pensar que ya la banda lleva más de 30 años en los escenarios, sobre todo viendo la potencia y la genial química que la banda aún conserva. Entre sonrisas y buena onda, continúan con dos de las favoritas “El hijo de Hernandez” y “Ya no sé qué hacer conmigo”, que enloquecen aún más a los asistentes.

Llega entonces el momento para que Santiago Tavella, el eterno bajista de la banda, tome el micrófono y empiece a cantar su oda irónica al amor “Enamorado tuyo”. Santiago se roba completamente el show con su gran presencia en el escenario, su potente voz y algunos geniales pasos de baile. Tavella volvería a tomar el micrófono más adelante para cantar un par de canciones, entre ellas “Pobre papá”.

El show trascurre con varias de sus clásicas canciones, contando sus geniales ironías (“Lo malo de ser bueno”, “Mi lista negra”), viviendo sus momentos sentimentales (“No llora”) y tocando unas infaltables (“Whiskey en Uruguay”, “Nada es Gratis en la Vida”). Sin embargo, no se olvidan de intercalar algunas canciones nuevas que la gente ya empieza a tomarles gusto (“Calma Vladimir”, “Invisible”).

Uno de los momentos más destacados de la noche llegó cuando Musso se puso una infame máscara de ladrón y el riff de “Buen Día, Benito” hizo al público casi saltar la barra de seguridad. El descontrol y el caos es extraordinario y la banda lo disfruta. El trabajo de Gustavo “Topo” Antuña en la guitarra es formidable en la mayoría del show, pero es acá y en “Me amo” donde se luce de primera.

Durante un pequeño interludio, Musso habla acerca de la moda de los “featuring” en la música e invita a Santiago Marrero a cantar con él “Mírenme”, seguida inmediatamente por “Me Amo”. Ya acercándose el final del show, El Cuarteto decide cerrar el concierto con “El Rey y el As”, también parte de su decimoquinto álbum. No obstante, la gente quiere más.

Con una gran ovación y varios cánticos de “¡Cuarteto, Cuarteto, Cuarteto!” traen de vuelta al escenario a Roberto y compañía, que deciden tocar 2 de las más pedidas “Miguel Gritar” y “Yendo a la Casa de Damián”.

“¿Por qué me cuesta tanto llegar?” pregunta esta enorme banda al final del recital, pero nosotros nos preguntamos cómo no les cuesta en lo absoluto montar un increíble espectáculo lleno de rock y ardor luego de tantos años. Aún tenemos Cuarteto para rato.

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