High Vis debutó en Argentina con un show en Uniclub marcado por la intensidad del hardcore, las intervenciones políticas de Graham Sayle y un público que esperaba desde hacía años la llegada de la banda inglesa.
Minutos antes del comienzo, la expectativa ya se hacía sentir. Los espectadores comenzaron a corear y reclamar la presencia de los músicos hasta que su aparición sobre el escenario desató una ovación.
Antes de arrancar, Graham Sayle invitó al público a acercarse: “Come everyone here, move forward, come on here. We are fucking miles away from home, come here, all is in the back”. El cantante insistió en que los presentes ocuparan el espacio frente al escenario, una consigna que se repetiría durante toda la noche.
El recital comenzó con “Drop Me Out”, de Guided Tour, su álbum más reciente. Al terminar, Sayle reaccionó al recibimiento con un espontáneo “Fucking hell”, expresión que volvería a repetir a lo largo del show. Entre canción y canción, el vocalista alentó al público a cantar, acercarse y participar activamente de la presentación.



























Con su acento scouse, característico de Merseyside, Sayle gritó “We are fucking High Vis” mientras volvía a convocar a quienes permanecían al fondo. Después de “Altitude”, redobló la apuesta: si podían cantar tan fuerte, también podían acercarse al escenario. “Come here, jump here, come and sing the words, come closer”, insistió, antes de expresar lo increíble que le resultaba estar en Buenos Aires.
La invitación dio paso a “Out Cold”, con el público saltando y moviéndose con mayor libertad. La primera fila se convirtió en el centro de una escena en la que los límites entre músicos y espectadores parecían cada vez más difusos.
Con “Farringdon”, una breve pieza instrumental, el ritmo bajó momentáneamente. Las luces doradas y las guitarras construyeron un pasaje contemplativo que contrastó con la intensidad anterior. La calma duró poco: “This is still for the hardcore kids”, anunció Sayle antes de dar paso a “Mob DLA”, que devolvió al recinto los gritos, los saltos y la energía desbordada.
En medio del movimiento constante, también hubo lugar para el cuidado mutuo. Los espectadores ayudaban a quienes perdían el equilibrio y evitaban que otros cayeran. En un momento se escuchó el grito de “cuidemos las cámaras”, dirigido a los fotógrafos y reporteros que registraban el recital. La escena convivió con el descontrol propio del pogo sin que la intensidad desplazara la preocupación por los demás.
Antes de “0151”, Sayle dedicó la canción a constructores, docentes, enfermeras y trabajadores del sector público. También mencionó a quienes se oponen al gobierno, a la izquierda y a la clase trabajadora. La presentación política encontró su correlato en el público, que cantó mientras algunos espectadores eran levantados sobre los hombros de otros para saltar hacia la multitud.



























Más adelante, Sayle presentó “Mind’s a Lie” como una canción para quienes disfrutan bailar: “This is for all the fucking dancers, come here”. El tema abrió otro registro dentro del show. Por momentos, el ritmo de la batería se acercó al de una pista bailable y el movimiento encontró una dinámica distinta, sin abandonar la energía que había dominado la noche.
Al terminar la canción, el cantante habló sobre una etapa personal atravesada por el consumo de drogas y los pensamientos suicidas. Contó que el año anterior había llegado a considerar seriamente quitarse la vida y contrastó aquel momento con su presente, marcado por la sobriedad. También dijo sentirse afortunado de estar vivo y afirmó que su vida había mejorado desde que dejó las drogas.
El testimonio introdujo una pausa diferente en el recital. Sin convertir sus palabras en un discurso aleccionador, Sayle compartió una experiencia que contrastó con la intensidad física y sonora de los temas anteriores.
El cierre llegó con “Trauma Bonds”, de Blending. El repertorio recorrió canciones de los tres álbumes de High Vis: No Sense, No Feeling, Blending y Guided Tour.
Después de años de espera, el debut argentino encontró en Uniclub un público dispuesto a responder a cada convocatoria. High Vis pasó por Buenos Aires sin separar la potencia del hardcore de sus inquietudes políticas y personales. La intensidad estuvo en los riffs, en los saltos y en las voces que acompañaron a Sayle, pero también en los momentos en que el cantante decidió detenerse y hablar.
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