Foo Fighters: Medicine at Midnight

A bailar que no hay infierno.

Volver a escuchar la voz de Dave Grohl después de su último trabajo, Concrete and Gold (2017) es un bálsamo. Del 2017 para esta parte, cambiamos todos. Muchísimo. Las huellas de la pandemia más voraz que presenció el hombre en los últimos años se siente en cada una de las publicaciones de los discos de los artistas que han grabado durante el aislamiento, o luego de él. En este disco encontramos a unos Foo Fighters distintos, pero sin perder ese rock característico que tan felices nos hace a todos los que amamos las buenas guitarras y las baterías que revientan parlantes.

El disco comienza con “Making A Fire”, una canción un tanto poderosa para darle entrada a un disco que promete ser de los grandes lanzamientos del año. Con un coro protagonizado por la hija del cantante que acompaña al fraseo de la guitarra, nos adentramos en este viaje que nos propone la banda oriunda de Seattle, cuna del grunge.

«Shame Shame», uno de los singles, es lo que sigue. Una batería y una guitarra semi-acústica, con una voz suave del ex baterista de Nirvana que nos prepara para explotar pronto. Muchas de las canciones de Foo Fighters tienen ese bello condimento, el de prepararnos para el apocalipsis musical. El acomodo de los viejos y queridos Foo a la actual industria musical se nota, pero sin perder la esencia que los caracteriza. Con sonidos un tanto más apagados, en una búsqueda espiritual de no quedar como “dinosaurios” y adaptarse para llegar a la nueva generación de oyentes de rock. Más sobrio, sin tanta distorsión pero sin perder los dotes que nos regalaron en discos como «The Colour and the Shape». Esa base de la que nos enamoramos jamás desapareció.

El tema quizás más extraño sea «Cloudspotter», el tercero del disco. Una mezcla un tanto funky con guitarras que nos llevan a la época de Funkadelic, la ambivalencia entre géneros en este experimental disco nos lleva a todas las etapas de nuestra vida, sin olvidar la verdadera pasión: el rock que llevamos todos en la sangre.

Aunque arranca potente, la calma llega con el cuarto track, «Waiting on a War». Una composición que es acompañada de una guitarra acústica que nos encuentra en lo más profundo de Grohl, como si estuviera tocando en nuestra pieza, en la cocina o en un teatro de 200 personas. Hasta que, como en gran mayoría de sus canciones, la batería empieza a acrecentarse a pasos agigantados para entrar en la locura de guitarras distorsionadas y la garganta de Dave que pide clemencia.

El quinto tema es el que le da el nombre al décimo álbum de los aún garajeros Foo. “Medicine at Midnight” es la carta de presentación de un disco más maduro, pero siempre marcando ese ritmo especial que trae el grunge. La herencia de Kurt Cobain, inspiración de Grohl, de los suburbios yankees y de la necesidad de no dejar morir al rock.

Si bien los basamentos, las progresiones de acordes y las modulaciones en la voz son bien icónicas y reconocibles en la extensa carrera de Foo Fighters, ese coqueteo con la música más moderna se nota. Dave Grohl adelantó hace un tiempo que Medicine at Midnight sería un disco más “bailable”, comparándolo el mismo con el famoso giro musical de David Bowie con “Let’s Dance”, disco criticado por la diferencia con el resto de las obras del Duque Blanco.

Y llega el sexto tema, «No Son Of Mine». Aunque ya está llegando a la mitad del disco, llega lo clásico, lo esencial, lo que nos gusta. Guitarras que despliegan su potencial y la voz que vuelve a levantarse para darle al fanático lo que desea. Una canción que nos haría acordar a los momentos más rockeros de Wasting Light, el famoso disco del 2011. Como para demostrarnos que por más que nosotros y ellos hayamos cambiado, esa pequeña llama que se encendió un día, jamás se apagará. Que sea un disco un tanto más soft, más bailable, más sensible, no quita que el rock siga estando ahí, y este track nos muestra que las bases grungeras siguen dando vueltas, porque cada vez que suene una guitarra acompañada de algún fuzz, la música que nos legó Nirvana va a seguir estando presente.

«Holding Posion» es la próxima. Mucho rock, mucho feel, demasiada distorsión, el Foo Fighters que más se asemeja a lo que nos gusta de ellos. Con Dave Grohl cambiando el matiz de su voz para no gritar pero dando una performance interesante, esas que siempre se destacan, nos llevan para el lado más rockero que contiene el disco. Para mostrarnos que aunque las cosas cambien, la “cosita linda” de los viejos tiempos sigue ahí.

La balada clásica de siempre llega con «Chasing Birds», hasta ahora mi tema favorito del disco. Es ese tema que nos encuentra con la nostalgia. Con una nostalgia que se nota como nunca. A todos nos han afectado últimamente más las cosas y nos volvimos un poco más melancólicos, tristes, apagados. Y se nota en cada una de las presentaciones de discos lo que hemos cambiado nuestros pensamientos, lo que nos hemos refugiado en nuestras familias y nuestros afectos. Con una guitarra acústica que se lleva todas las atenciones y unas pequeñas secciones de guitarras eléctricas bien suaves, nos encontramos en los adentros de uno mismo gracias a la sensibilidad que ofrece.

«Love Dies Young» es el noveno y último tema. Un tema que suena como muchas canciones. Un crisol de estilos que combina a la perfección. Más de la época de In Your Honor, donde se siente el cambio de Foo Fighters de lo común a lo experimental. Pero esas lindas canciones que quedan resonando en la memoria de quien escuche el disco. Para darle un cierre a los 37 minutos que contiene la nueva placa de la banda más importante de los últimos años del grunge, sirve como un gran cierre. Remontándonos a una época donde todo era mejor, pero al mismo tiempo dejándonos en esta parte de la tierra.

Como una conclusión final, es un gran disco. No es quizá lo que estamos acostumbrados con la banda de Dave Grohl, pero es un disco que para la época en la que estamos viviendo, se vuelve un mimo al alma. Una caricia al corazón. Siempre es lindo volver a escuchar algo de los Foo y sentirnos como cuando éramos jóvenes y nos encerrábamos en la pieza con el viejo grabador a todo volumen a escuchar Best of You, All My Life o Everlong. Esa chispa que está ahí, siempre dando vueltas, pero sin desaparecer del corazón. Y cuando algo se hace con el corazón, tiene sentido. A bailar que no hay infierno, que aunque suene distinto, la llama no se apagó.

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