Babasonicos en La Plata: Haciendo lo que más me gusta

Falta un minuto para que el reloj de las 9 y un sonido metálico atraviesa el Estadio Atenas, como si se hubiese escapado del score de Blade Runner. Laser 420Siento, Big bang y otras canciones de Usted Señalemelo calientan el escenario para lo que está por venir, entre el fervor de guitarras blancas y micrófonos envueltos en flores.

La fusión de géneros del trío mendocino se camufla como una carta de presentación para una banda que hoy en día se denomina a sí misma como transgénero: Babasónicos. Los acordes de Risa fluyen con gracia, mientras los músicos se reagrupan entre la guitarra de Mariano Roger y los teclados de Diego Tuñón. Adrián Dárgelos es un gurú de la provocación y viste una calza bicolor que se deja ver debajo de un poncho negro digno de una fábula de la tierra media. Un imaginario que no sabe de palabras simples y descansa en la retórica de uno de los mejores letristas que engendró el rock argentino cuando la música era algo que venía en un cassette. Y es que, Dárgelos no se queda en la comodidad de lo establecido, más bien todo lo contrario. Viene a romper esquemas. Viene a discutir todo.

Babasónicos viaja en el tiempo y rápidamente trae al presente Fan de Scorpions y la hace convivir con Cretino, una canción que se desprende de su duodécimo álbum de estudio, Discutible. Le siguen La Lanza y una versión de estadio de El maestro, una canción en la que Dárgelos dice que es necesario creer para ver y no al revés como piensa el común de la gente. En una esquina Diego Uma se deshace en entusiasmo y da pequeños saltos en el lugar como si estuviera a punto de salir corriendo pero no lo hace, sigue anclado a su propio universo donde habitan un bongó, una guitarra y un micrófono de dos cabezas. La voz de Uma se pone un poco robótica para Patinador sagrado y la banda pisa a fondo y surfea la emoción de las chicas de la valla con Saturno, Tormento Burócratas del amor.

En La pregunta, Dárgelos entra en trance y parece iluminado por el fuego. La canción que no suena como nada que vaya a sonar en la radio cobra fuerza cuando las voces de todos se encuentran en el unísono y se chocan con el vacío de una respuesta que quizá nunca llegará. Un ensayo a suerte y verdad, casi de ópera. Diego Tuñón se adueña del final con un costado electrónico que se desvanece entre el cuestionamiento y la filosofía. Pasa Bestia pequeña y antes de Trans-Algo, Dárgelos sonríe y muy cómodo dice “un segundo por noche necesito todo”. Y es simplemente un segundo lo que separa a Pendejo de Desfachatados pero en la euforia de muchos parece transcurrir aún más rápido.

En Como eran las cosas, Dárgelos nada debajo de su poncho dando brazadas como queriendo deshacerse de él. La canción se siente honesta, como si se le hubiese incrustado en el pecho. La banda prosigue con las infaltables y claramente sus favoritas, Y qué, Yegua y Putita. Hablan de perderse en un lugar lejano, un refugio en forma de canción, ya lo han hecho otras veces. Porque desde su llegada a la música lo de Babasónicos fue, al contrario de la premisa que los abandera en esta nueva etapa, un compromiso indiscutible. Un pacto imperecedero que los lleva noche por noche a distintas ciudades porque se los ve felices arriba de un escenario, haciendo lo que más le gusta y es probable que lo sigan haciendo.

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