Anelka: Incomprendido y diferente

Un perfil que atrae y molesta a la vez, pero que difícil es discutir la clase de un futbolista de este calibre.

A lo largo de la historia de los deportes, muchísimos personajes marcaron diferencias con respecto al resto pero no solo en lo que es la técnica, sino también en lo que tiene que ver con el comportamiento y la toma de decisiones. Nicolas Anelka entra en esa galería selecta, que en nuestro fútbol cuenta con tipos como Ariel Ortega y René Housemman, y en el basquet con Hernán Montenegro, por citar algunos casos.

Un futbolista que se topa con la fama y el éxito desde muy joven, hecho para el cual no está preparado bajo ningún aspecto, un punto que hoy el deporte mundial trabaja muchísimo mejor. Nacido en Trappes, en las afueras de París, e hijo de unos inmigrantes de la isla de Martinica, característica que la mantiene a flor de piel a lo largo de toda su vida. Uno de sus regresos a la Selección Francesa es en ese país frente a la selección de Costa Rica.

Su estadía en Madrid la calificó como una tortura y una pesadilla, desde el momento que llegó al vestuario y lo fueron corriendo de asiento porque pertenecían a otros, hasta cuando fue multado por decidir unilateralmente no ir a entrenar. Del otro lado de la balanza, cuenta una Champions League con incidencia directa en una de los semifinales. El ying y el yang, una constante a lo largo de su carrera.

Liverpool también estuvo marcado por lo blanco y lo negro, el equipo logró el subcampeonato con varios goles importantes y su DT decidió no renovar su contrato porque se volcó por elegir a El Hadji Diouf, un senegalés que había tenido una gran Copa del Mundo en Corea-Japón 2002.

Ese torneo del cual se bajó Nicolás porque Santini, el DT francés del momento se acercó a decirle luego de un partido en el Madrid que no lo citaba porque no lo conocía. Anelka respondió claro y conciso: “Retírate por favor, me estás faltando el respeto”.

No hubo punto medio en su carrera, ni en lo bueno ni en lo malo. Fue clave en el Arsenal, Arsene Wenger fue una de las personas que supo contenerlo y llevarlo por el mejor de los caminos con tan solo 19 años. Con Chelsea, otro equipo de Londres, tuvo la mala suerte de errar el penal decisivo en una final de Champions, sin embargo fue clave en la obtención de la Premier League en el año posterior.

A este tipo de personalidades se les achaca que tienen malas influencias alrededor, en el caso de este crack francés los apuntados eran su familia, en especial su hermano. En todos los clubes donde estuvo, esto tuvo que desmentirlo constantemente. Siempre fue fácil marcar a estos deportistas como influenciables y sin poder de decisión, algo de lo que Anelka claramente estaba sobrado.

El caso Selección Francesa se lo puede unir con el de Benzema, el delantero del Madrid solo jugó el Mundial 2014 por sus problemas con la justicia que lo marginaron de las convocatorias nacionales. Lo extrafutbolístico no era supuestamente lo que dejaba afuera al hombre al que Netflix le produjo un documental, sino que los técnicos decían que sus rendimientos no eran lo suficiente para ganarse la citación. Todo esto hasta que llegó el Mundial 2010, famoso por tener la polémica con Domenech que culminó con una rebelión en el plantel y la eliminación de uno de los candidatos en primera ronda.

Al analizar profundamente esto, vamos a encontrar que los casos de divisiones y de rencores en la Selección Francesa siempre estuvieron a la orden del día. La enorme camada de jugadores con la que cuenta tapa muchísimo de estos problemas, los cuales son originados por el enorme crisol de razas que la componen.

El final de su carrera, la cual es la envidia de cualquier deportista a nivel mundial, contó con una polémica enorme. Había llegado al West Bronwich, equipo ingles de tercer orden, luego del primer partido el DT lo sacó del equipo titular, su enojo era muy grande. Steve Clarke, técnico en cuestión, debe dimitir luego de varios malos resultados, Nicolás vuelve al equipo titular con un gol y una “quenelle”. En 2014, este fue un gesto creado por el humorista galo Dieudonné, quien en ese momento estaba rodeado de polémica por su antisemitismo extremo.

Una vez más, el delantero francés pagaba por su comportamiento. Multa y suspensión de varios partidos que aceleraron el final de su periplo en la Premier. Una vez más era tapa de diarios, cuatro años después de ser expulsado de un combinado nacional por insultar a un DT. Su carácter era tan sensible como sus movimientos dentro del área.

Un caso a analizar y que genera muchísimos debates, pero que no debe dejar de lado el análisis futbolístico y deportivo. Anelka era un diferente, poseedor de una calidad enorme que logró destacarlo en los clubes más importante del mundo. Su personalidad era tan distintiva que hasta se animó a decir que si podía devolver el título de la Euro 2002, lo haría porque su aporte no fue para nada importante.

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