Hay una decisión que distingue a A La Gorra del resto de los shows de YSY A: ceder parte del control del espectáculo. En este formato, el artista deja en manos del público dos aspectos fundamentales del recital: cuánto pagar por la entrada y qué canciones formarán parte del repertorio. El resultado volvió a verse el pasado 2 de agosto en C Art Media, donde cada elección hecha por los fanáticos terminó moldeando una noche distinta a cualquier otra.
La propuesta nació como una forma de recuperar el espíritu de los primeros años de Alejo, cuando improvisaba en subtes, trenes y colectivos antes de convertirse en una de las figuras más convocantes del trap argentino. Hoy, esa misma lógica se resignifica en un formato que privilegia la cercanía por sobre la espectacularidad, con una puesta en escena despojada, un cuidado diseño de luces y visuales, y un protagonismo compartido entre el escenario y quienes están frente a él.
Con «Casi un G» como punto de partida, el recorrido atravesó distintas etapas de su carrera sin quedar atado a un único disco. El repertorio encontró un equilibrio entre clásicos que marcaron el crecimiento del artista y composiciones más recientes, permitiendo que convivieran canciones como «Todo de Oro», «Meteoritos vs. Dinosaurios», «Trap on the Rocks», «Linaje», «Vuelta a la Luna», «Ser el Trap» y «Tamo Loco». Más que un repaso cronológico, el show funcionó como una fotografía del presente de YSY A, capaz de conectar distintas etapas de su obra sin perder coherencia.






En ese contexto, la puesta acompañó la propuesta sin imponerse sobre ella. Lejos de las grandes producciones que caracterizaron otros momentos de su carrera, A La Gorra apuesta por un escenario limpio donde las visuales y el diseño lumínico potencian cada pasaje del recital, mientras la música y la interacción con el público ocupan el centro de la experiencia. La sensación es la de un concierto construido desde la cercanía, incluso tratándose de uno de los artistas más convocantes de la escena urbana.
La posibilidad de que cada función tenga un repertorio diferente también modifica la forma de vivir el espectáculo. No existe un show idéntico al anterior, porque son los propios seguidores quienes deciden, mediante una votación previa, cuáles serán las canciones que sonarán esa noche. Esa dinámica convierte cada presentación en una experiencia irrepetible y fortalece el vínculo entre YSY A y una comunidad que lo acompaña desde sus comienzos.
Más allá del formato, A La Gorra también puede leerse como una declaración de principios. En una escena donde la magnitud de las producciones suele ocupar el centro de la conversación, YSY A eligió volver a una idea simple: poner la música y al público por encima de cualquier artificio. El show del 2 de agosto en C Art Media volvió a demostrar que esa búsqueda no responde a la nostalgia, sino a una forma distinta de entender el presente.
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