Hay artistas que entienden rápido cuándo una sala está lista para explotar. KNAK lo percibió desde el primer minuto en Niceto Club y jugó toda la noche con esa intensidad. Lo suyo no fue simplemente un repaso de canciones: fue una celebración desbordada, una descarga constante donde el público terminó siendo tan protagonista como quienes estaban arriba del escenario.
Con una lista interminable de temas y un formato casi maratónico, el uruguayo sostuvo el pulso del recital sin bajar nunca la temperatura. Entre bases pesadas, melodías pegadizas y momentos de descontrol absoluto, Niceto se transformó en una sola masa coreando cada barra como si fuera la última.
El recorrido por POSITIVO apareció naturalmente, no como una excusa nostálgica sino como parte de un presente que todavía sigue creciendo. “¿qué ves cuando me ves?”, “VIDA LUJOSA”, “KALMA” y “quiero que me recuerdes bien” tuvieron respuesta inmediata desde abajo: pogos, celulares en alto y un coro permanente que por momentos tapó la voz del propio KNAK. Ahí quedó claro que muchas de esas canciones ya dejaron de pertenecerle únicamente a él.











La dinámica del show también reflejó algo que viene pasando hace tiempo en la escena rioplatense: el sentido de comunidad. Los invitados fueron apareciendo sin cortar el ritmo y cada participación sumó una energía distinta. Sixto Yegros aportó tensión y química en “333” y “SABOR”; mhtresuno levantó el clima con “Malas Intenciones”; mientras que Zeballos hizo explotar la sala con “Ragazza”. Más adelante, Ramma y ARA sumaron peso en “Abajo de las Estrellas”, antes de un cierre caótico y eufórico junto a Frozouda y Jugo! para “chirlito”.
Antes de todo eso, Canals había sido el encargado de abrir la jornada y preparar a un público que llegó dispuesto a entregarse desde temprano.
Lo más interesante de la noche no pasó solamente por la cantidad de canciones o por los nombres invitados, sino por la sensación de crecimiento que atravesó todo el recital. KNAK ya no se mueve como una promesa ni como una aparición aislada dentro de la nueva escena urbana: pisa el escenario con la seguridad de alguien que encontró una identidad propia y un público que responde con una fidelidad pocas veces casual.
En Niceto no hubo despedida melancólica ni cierre solemne. Hubo transpiración, ruido, descontrol y una certeza flotando en el aire: lo que viene parece todavía más grande.
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