La Patagonia fue este 11 de abril un riff eterno y esa mística que solo el “Corazón de Patricio Rey” puede convocar. El Club Racing de Trelew se transformó en el epicentro de un ritual que unió distancias imposibles bajo una misma bandera: el rock más puro de nuestra tierra, guiado por Skay Beilinson.
Desde temprano, las calles de Trelew empezaron a teñirse de ese sentimiento difícil de explicar. No importaron los kilómetros. Hubo trapos que llegaron desde Buenos Aires, cruzando la ruta para encontrarse con la hermandad sureña de Puerto Madryn, Caleta Olivia, la comarca de Viedma y Carmen de Patagones, entre otros.




















En la previa, la cerveza y los fernet compartidos fueron el preludio de una noche histórica. Las banderas, flameando con fuerza, daban testimonio de una devoción federal que no conoce fronteras. “Vinimos de lejos, pero con Skay siempre estamos en casa”, se escuchaba entre la multitud que colmaba las inmediaciones del club.
Cuando las luces se apagaron y la silueta del Flaco apareció con su guitarra al hombro, la primera sorpresa sacudió a los más detallistas. Skay rompió con su propia inercia: hacía tiempo que no elegía “Paria” para abrir el juego, y esa declaración de principios marcó el tono de lo que vendría. Un inicio potente, crudo y directo al hueso.
Este regreso al Valle tenía una carga especial, ya que la última vez que el Flaco había pisado la zona para derramar su magia fue en Puerto Madryn. El reencuentro con su público chubutense demostró que el idilio sigue intacto, alimentado por años de espera y lealtad incondicional.





























El viaje continuó con joyas como “Tal vez mañana” y “Aves migratorias”, demostrando que Los Fakires son una maquinaria aceitada de precisión psicodélica. Pero el clímax ricotero, ese que hace que el piso del Racing vibre hasta los cimientos, llegó con los clásicos que habitan en el ADN argentino: “Todo un palo” y, por supuesto, el pogo más grande del mundo bajo el cielo chubutense con “Ji Ji Ji”.
Skay se despidió con la humildad de los grandes, dejando en Trelew un rastro de magia que tardará en disiparse. Pero la gira patagónica no termina aquí: el peregrinaje continúa, y la próxima cita al sur será en Ushuaia el 23 de mayo, donde el rock llegará hasta el fin del mundo.
No fue solo un concierto; fue la confirmación de que, mientras esa guitarra siga sonando, la llama del rock argentino seguirá encendida en cada rincón del mapa.
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