El 23 de enero tiene un peso específico dentro del mapa emocional del rock argentino: es el día en que nació Luis Alberto Spinetta y también la fecha en la que se celebra el Día Nacional del Músico. En ese cruce simbólico se realizó SPINETTAZZO 2026 en The Roxy Live, una noche que no buscó reproducir el pasado sino reactivar su potencia en tiempo presente.
Desde la apertura de puertas se percibía un clima distinto. No era simplemente un concierto homenaje: era una reunión de personas atravesadas por una misma obra. Familias, músicos, seguidores de distintas generaciones y curiosos convivieron en una sala que fue mutando de la contemplación al estallido según lo pedía cada canción.
Tres proyectos, múltiples dimensiones
La propuesta artística recorrió distintas etapas del universo spinettiano —de Almendra a Pescado Rabioso, de Invisible a Spinetta Jade, del período solista a Los Socios del Desierto— con enfoques bien diferenciados.
Flecha Zen abrió uno de los tramos más introspectivos de la noche. Con una instrumentación cuidada y un trabajo vocal lleno de matices, el grupo construyó atmósferas que invitaron a escuchar con atención cada verso. Hubo versiones que respiraron con calma, donde el silencio tuvo tanto peso como las notas. La sensibilidad fue el hilo conductor de su set.
Luego, L.A.S. Habladurías llevó el pulso hacia un terreno más eléctrico. Con guitarras al frente y una base firme, el repertorio adquirió una intensidad que despertó los primeros coros masivos. La conexión con el público fue inmediata: cada estribillo encontró eco desde abajo del escenario, confirmando que esas canciones siguen habitando la memoria colectiva.
El cierre quedó en manos de El Diluvio y los Pasajeros, que aportaron una lectura estructurada en bloques dedicados a distintas etapas clave del catálogo spinettiano. El pasaje por el período de Invisible y el espíritu más crudo de Pescado Rabioso mostró una banda concentrada, con arreglos sólidos y un enfoque que combinó precisión instrumental con entrega emocional.
Canciones que no envejecen
Más allá de los matices entre cada propuesta, hubo algo que atravesó toda la noche: la vigencia. Las letras, las armonías y las búsquedas sonoras de Spinetta no sonaron como piezas de archivo, sino como material vivo. Cada interpretación evitó la imitación literal y apostó por una apropiación respetuosa, entendiendo que el mejor homenaje no es la copia sino la continuidad.
El público acompañó de principio a fin, alternando momentos de escucha atenta con explosiones de entusiasmo. La sala se transformó en un espacio compartido donde la poesía y el rock dialogaron sin intermediarios.
SPINETTAZZO 2026 dejó una certeza: la obra del Flaco no necesita ser explicada, necesita ser tocada. Y mientras haya músicos dispuestos a asumir ese desafío con compromiso y personalidad, cada 23 de enero seguirá siendo una celebración que mira hacia adelante.



















































Ayúdanos a seguir creciendo
Si te ha gustado la nota, podés hacer una pequeña contribución para ayudarnos a seguir adelante con el proyecto. Si estás en Argentina, podés hacerlo a través de este enlace, y si te encuentras en cualquier otro lugar del mundo, aquí tenés el link correspondiente. ¡Gracias por tu apoyo!



























