Santi Motorizado, canciones para quedarse un rato más en el Konex
En la noche inaugural del Parador Konex, el 15 de enero de 2026, Santi Motorizado apareció como un punto de calma dentro de una grilla diversa y cambiante. Mientras el verano arrancaba con ruido, intensidad y celebración, su show eligió otro tempo: el de las canciones que se apoyan en la emoción cotidiana, en la fragilidad compartida y en esa forma tan particular de decir mucho con gestos mínimos.
Lejos de construir un recital explosivo, la presentación se sostuvo en un clima de cercanía constante. Temas como “Lo que perdí”, “Camino de piedras” y “Mil derrotas” funcionaron como pequeñas escenas íntimas, donde la voz y las letras ocuparon el centro sin necesidad de subrayados. En ese recorrido, Santi Motorizado volvió a demostrar que su fortaleza no está en la grandilocuencia, sino en la honestidad con la que habita cada canción.
Hubo momentos de respiro y ligereza que equilibraron el tono general. “Google Maps”, “Oh Dana” y “No me trates mal” trajeron una sensibilidad más luminosa, casi doméstica, que el público acompañó con una atención cómplice. No se trató tanto de euforia como de reconocimiento: esas canciones que ya forman parte del día a día de muchos encontraron en el Konex un espacio para volver a decirse.
Uno de los cruces más celebrados de la noche fue “Ridículo”, interpretada junto a Juana Rozas. El encuentro no se sintió como un momento aislado, sino como una extensión natural del clima del show: dos universos distintos que se cruzan desde la sensibilidad y no desde el impacto. Algo similar ocurrió con la versión de “Jazmín chino” de 107 Faunos, que funcionó como un gesto afectivo hacia una escena compartida más que como un simple cover.
Hacia el tramo final, “Amor en el cine”, “Te pido perdón” y el enganchado de “El gomoso / La revolución” reforzaron esa idea de relato continuo, donde cada canción parece dialogar con la anterior. El cierre con “La noche eterna” y “Diamante roto”, canciones de El Mató, ya en modo bis, terminó de sellar la comunión con el público desde un lugar emotivo, sin golpes bajos ni finales efectistas.
El paso de Santi Motorizado por el Parador Konex no buscó ser un momento espectacular dentro de la noche inaugural, sino algo más sutil y quizá más duradero: un espacio de pausa, de canciones que acompañan y de una sensibilidad que sigue encontrando sentido en lo simple. En tiempos de estímulos constantes, su show recordó que a veces alcanza con quedarse un rato más y escuchar.






















Ayúdanos a seguir creciendo
Si te ha gustado la nota, podés hacer una pequeña contribución para ayudarnos a seguir adelante con el proyecto. Si estás en Argentina, podés hacerlo a través de este enlace, y si te encuentras en cualquier otro lugar del mundo, aquí tenés el link correspondiente. ¡Gracias por tu apoyo!
























