El sábado 27 de diciembre por la noche, el Auditorio Belgrano se convirtió en un espacio de encuentro para la emoción y la memoria colectiva con Agitando Pañuelos, un concierto que funcionó como cierre de año y homenaje al folclore argentino desde una mirada sensible y contemporánea.
La propuesta reunió en un mismo escenario a Juan Carlos Baglietto, Patricia Sosa y Lito Vitale, tres figuras fundamentales de la música popular argentina que, luego de trayectorias atravesadas por el rock y otros géneros, regresaron a las raíces folclóricas con una madurez artística que se sintió en cada interpretación. Lejos de la nostalgia rígida, el espectáculo se apoyó en la reinterpretación y en la emoción genuina.
Desde los primeros acordes, el clima fue íntimo y envolvente. El repertorio recorrió zambas y chacareras que forman parte del ADN musical del país, generando una conexión inmediata con el público. Las canciones, conocidas por muchos desde siempre, adquirieron una nueva profundidad gracias a arreglos cuidados y lecturas personales que evitaron cualquier intento de copia o repetición mecánica.
La química entre los artistas fue uno de los grandes aciertos de la noche. Baglietto aportó su expresividad característica y su manera única de narrar desde la voz; Patricia Sosa desplegó una potencia vocal precisa y emotiva, capaz de estremecer la sala; mientras que Lito Vitale fue el arquitecto sonoro del concierto, sosteniendo cada pasaje con arreglos sutiles y una sensibilidad musical que unificó todo el repertorio.
El espectáculo avanzó como un viaje emocional, alternando momentos de recogimiento con pasajes más celebratorios. El público acompañó en silencio respetuoso cuando la música lo pedía y respondió con aplausos cálidos y sostenidos, entendiendo que lo que sucedía en escena no era solo un concierto, sino un diálogo con la historia musical argentina.
El título Agitando Pañuelos funcionó como una síntesis perfecta de la propuesta: no solo como referencia a la zamba que simboliza el encuentro y la despedida, sino también como un gesto poético que invitó a agitar recuerdos, emociones y tradiciones compartidas.
En definitiva, la noche en el Auditorio Belgrano fue una celebración sincera del folclore argentino, abordado desde el respeto, la emoción y la vigencia. Un espectáculo que confirmó que las raíces, cuando se interpretan con verdad, siguen latiendo con fuerza en el presente.






































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