Uno de los máximos ídolos populares, quien nos dejó hace poco más de dos meses, decía que las despedidas son esos dolores dulces. Lo vivido el viernes por la noche en el Teatro Gran Rex fue uno de ellos, aunque siempre creemos que va a haber un poco más.
Un trío de santafesinos se juntó allá por 1983 y, 43 años después, sigue haciendo reír a abuelos, padres, hijos y, quizás también, a algún nieto perdido en alguna butaca del monstruo de la calle Corrientes. A las 21 en punto, las pantallas nos llevaron por la historia de Midachi para desembocar en el primer saludo y en ese monólogo de Dady que tantas veces vimos y que seguimos disfrutando, obviamente siempre aggiornado a los últimos meses de su día a día.
A lo largo de dos horas vimos pasar a Drácula, Mercedes Sosa, los hermanos Galarza y tantos otros personajes que seguramente te robaron una sonrisa en los últimos 40 años. Un despliegue físico impecable, acompañado por un esfuerzo que, con tono irónico, ellos mismos se encargan de remarcar constantemente entre acto y acto.
La complicidad entre ellos es otro de los aspectos para destacar y, sobre todo, uno de los que más nos divierte. Muchas vivencias compartidas y, seguramente, en esas risas entre ellos aparecen recuerdos de tantas cosas que pasaron y de las que nosotros ni siquiera estamos cerca de saber. Pero de eso también se trata la amistad: de códigos, historias y momentos que sobreviven al paso del tiempo.
Es envidiable que Midachi no pierda su esencia y que logre actualizar su humor espectáculo a espectáculo. Después de haber atravesado cinco décadas y distintas formas de entender el humor, la inteligencia de cada uno de ellos les permite adaptarse a lo que el público espera en cada momento sin dejar de ser quienes son.

Una vez más, sobre el final llegó uno de los momentos más fuertes de la noche: el programa de la Tota, quien, con fórmulas probadas hace varios años, sigue haciéndonos reír a carcajadas durante toda su performance. Y no se puede obviar la mente maestra del Chino para manejar los tiempos y saber llevar adelante a dos animales del escenario como son Miguel y Dady.
Dejaron atrás polémicas, dudas y demás para subirse una vez más al escenario con un espectáculo a la altura de su historia. Midachi comenzó a despedirse, aunque todavía queda una gira por delante y un regreso a CABA durante septiembre.
Por respeto a la historia, hay que ir a verlos en la medida de nuestras posibilidades. Seguramente, en algún momento del espectáculo, algo te va a llevar de vuelta a un recuerdo hermoso compartido con tu familia o con tus amigos. Y quizás ahí esté la verdadera magia de esta despedida: entender que algunas cosas terminan, pero no necesariamente dejan de acompañarnos.
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