Las Pastillas del Abuelo | Ferro | 18.04.2026 | Ph. Leandro Olivo

Ferro fue territorio pastillero

Las Pastillas del Abuelo volvieron a demostrar por qué son una de las bandas más convocantes del rock argentino actual. El sábado por la noche, el estadio de Ferro se transformó en una celebración multitudinaria donde más de 30 mil personas acompañaron un recorrido intenso por 25 años de canciones, cruces generacionales y nuevas búsquedas sonoras.

Desde los primeros acordes quedó claro que no se trataba de un show más. El público respondió de inmediato y sostuvo la energía durante más de dos horas, cruzando distintas etapas del repertorio con clásicos como “¿Qué vicios tengo?”, “Rompecabezas de amor”, “La creatividad”, “Viejo karma!” y “Otra vuelta de tuerca”, cantadas con una devoción que no distingue edades ni modas.

La noche también funcionó como anticipo de una nueva etapa. Las canciones inéditas “Excusa” y “Una contra otra” —esta última ya conocida por su reciente lanzamiento— encontraron versiones potentes en vivo, acompañadas por arreglos de cuerdas que sumaron profundidad y emoción, con el aporte del Cuarteto Divergente y la participación de Alejandro Terán y Javier Casalla.

El cruce generacional tuvo uno de sus momentos más sensibles cuando Tiago PZK subió al escenario para compartir “El Favor”. Lejos del golpe de efecto, la interpretación fue íntima y sentida, con un artista visiblemente conmovido y un estadio acompañando en silencio primero y en coro después.

Otra sorpresa llegó con “Tantas escaleras”, que reunió sobre el escenario a la familia Iglesias: Tete, Wayra y Silvina Cendón, en una postal que unió camaradería, historia y rock sin necesidad de discursos.

El clima festivo también se vivió abajo. El campo fue una marea de banderas de barrios, localidades y hasta países vecinos, confirmando que el vínculo de Las Pastillas con su público se sostiene tanto por las canciones como por el sentido de pertenencia que generan.

Hubo espacio para todos los climas: el pulso reggae de “Loco por volverla a ver”, la raíz folclórica de “Perdido”, el aire blusero de “¿Me juego el corazón?”, la épica futbolera de “¿Qué es Dios?” y el descontrol absoluto de “Enano”, que desató uno de los pogos más intensos de la noche.

“Gracias por bancarnos siempre”, soltó Piti Fernández casi al final, antes de un cierre cargado de celebración y abrazos. Ferro respondió como había empezado: cantando todo, sin reservas. Una noche que dejó claro que Las Pastillas del Abuelo no viven del pasado, sino de una historia que sigue escribiéndose arriba del escenario.

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