Winona Riders || CC Konex || 20.02.2026 || Ph. Santi Junco

Winona Riders incendió el Ciudad Cultural Konex y dejó pistas de su próxima mutación

El 20 de febrero de 2026 no fue simplemente el primer show del año para Winona Riders. Fue una ceremonia de reafirmación. Una noche larga, densa, con momentos de trance y explosión, donde la banda volvió al Konex para tensar su propio lenguaje y dejar flotando una certeza: lo que viene no será tibio.

Desde el arranque con “V.V.”, quedó claro que el plan no era tocar canciones, sino intervenirlas. El set se movió como un organismo vivo, mutando de forma constante, con versiones extendidas que parecían diseñadas para empujar a la Sala de las Columnas a un estado físico antes que emocional.

“Ingrid Grudke”, “No hay nada más en mí” y “Viajando en el asiento de atrás” marcaron el pulso inicial. Pero fue con “Soy una bala” y “La letra chica” cuando el pogo empezó a tomar forma. Winona no negocia intensidad: la administra.

El tramo central fue el corazón del show. “A.P.T (American Pro Trucker)” —extendida y con fragmentos de “V.V.” incrustados como eco interno— abrió un bloque expansivo que incluyó “680/680”, “Separados al nacer”, “Joel”, “Riders” y “Dopamina”, todas en versiones largas, hipnóticas, repetitivas hasta el límite justo. La doble batería volvió a ser protagonista: un pulso marcial, casi industrial, que convirtió cada repetición en mantra.

También hubo espacio para los guiños. “Ah Hey Hey Hey” incorporó frases de “Some Velvet Morning”, el clásico de Lee Hazlewood y Nancy Sinatra, mientras que “¿Así que te gusta hacerte el Lou Reed?” sumó una intro de “Hey Man” de Spacemen 3. No fueron citas decorativas: fueron parte del ADN que Winona exhibe sin nostalgia, pero con conciencia de linaje.

El momento bisagra llegó con “Nuevos hechos emergen!”, debut absoluto en vivo. Más directa, igual de filosa, dejó la sensación de estar frente a una nueva capa sonora que podría marcar el rumbo del próximo material de estudio. Si esto es anticipo, el futuro inmediato promete tensión y riesgo.

Sobre el cierre, “D.I.E (Dance in Ecstasy)” y “Dorado y púrpura”, en versiones reducidas, comprimieron toda la energía acumulada. Después de 24 temas, la sensación no fue agotamiento sino trance compartido. Winona Riders no dio un show: construyó un clima.

Y el Konex volvió a ser territorio fértil para esa mezcla de psicodelia áspera, repetición y desborde físico que la banda maneja como pocos en la escena local.

Fotos: Santiago Junco

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