Skay en La Falda: El rugido de la SG sacudió las sierras
El pasado sábado 24 de enero, la ciudad de La Falda volvió a ser el centro del universo rockero. El Anfiteatro Carlos Gardel empezó a vibrar horas antes de que sonara la primera nota. Skay Beilinson inauguró su 2026 con un ritual que fusionó historia, vigencia y una carga simbólica difícil de igualar, demostrando que su pacto con el rock sigue más firme que nunca.
Tras haber despedido el 2025 con una presentación masiva en la Costanera de Quilmes, el guitarrista eligió el refugio de las sierras para la primera fecha del año y la celebración de sus 74 años de vida (cumplidos apenas días antes, el 15 de enero). Esta transición del conurbano bonaerense a la intimidad del anfiteatro cordobés permitió un contacto más directo con su “familia peregrina”, quienes transformaron el recinto en un sauna de pura energía rockera.
Desde las primeras horas de la tarde, el pulso de la ciudad se transformó. Miles de fanáticos coparon la Avenida España y los alrededores del predio, convirtiéndolos en el escenario de una previa multitudinaria. Llegados desde diversos puntos del país, los “peregrinos” se fundieron en abrazos y risas, celebrando el reencuentro bajo el sol serrano. Entre banderas y el agite característico, se multiplicaron los bailes y los brindis con jarras en alto, mientras las voces se unían para anticipar los clásicos de Patricio Rey que marcaron a fuego a tantas generaciones.
A las 22:00 hs, las luces se extinguieron para dar paso al estallido inicial. Pero hubo un detalle que electrificó a los conocedores: Skay volvió a colgarse su histórica Gibson SG, esa guitarra de doble cuerno que es parte fundamental de su mitología personal y que no utilizaba en vivo desde hacía más de tres años. No es un simple instrumento, sino una extensión de su identidad y la herramienta con la que esculpió los riffs más importantes de nuestra historia. El brillo de la SG bajo las luces del auditorio marcó el tono de una noche donde el sonido fue punzante, psicodélico y profundamente emotivo. Ver esa silueta reconocida por todos sobre el escenario no fue solo un gusto estético; fue un gesto que marcó el retorno a las fuentes y que le dio a cada riff un audio impecable y punzante.
El show arrancó con la potencia de “Arcano XIV”, marcando el inicio de una lista de 20 temas ejecutados con precisión quirúrgica por Los Fakires. El “Flaco” recorrió su mapa sonoro con piezas como “Genghis Khan”, “La pared rojo lacre” y la profundidad de “Aves migratorias”. Y el pogo alcanzó su punto máximo con las joyas de Los Redondos, incluyendo “Todo un palo”, “Jijiji” y el infaltable viaje en el tiempo que proponen “El pibe de los astilleros” y “Nuestro amo juega al esclavo”.
La noche cerró minutos antes de las doce con la emblemática “Oda a la sin nombre”, dejando en claro que, a sus 74 años, Skay sigue siendo el guía espiritual de un sentimiento que no sabe de tiempos. La Falda, cuna histórica del rock nacional, fue testigo de que la leyenda no solo se mantiene viva, sino que sigue sonando con la misma urgencia de siempre, dejando en claro que su capacidad creativa y su destreza técnica no conocen el paso del tiempo. Bajo la histórica mirada de la “Negra” Poli en la producción, el show de La Falda no fue solo un concierto, sino la confirmación de que el viaje de Skay sigue siendo una ruta de ida para todo aquel que busca la esencia del rock más puro.






















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